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Retrato de la ciudad en calma

29 abr 2019

La ciudad baja un cambio
después del almuerzo.
Oficinistas de panza llena
caminan a paso lento
por las callecitas
del centro.

Los bondis, los autos
y deliverys parecen 
ir más despacio.
El silencio y la humedad
del aire, tejen una 
telaraña de calma
y Buenos Aires se parece
de a ratos
a Muertevideo.

Onírica Comunicación

20 mar 2017

Anoche soñé con un amigo con el que hace tiempo que no hablo y con quien tuve las mejores charlas de los últimos años. Mientras terminaba de despabilarme en la cama, intentaba recordar, con muy poco éxito, qué había pasado en el sueño. Sólo me quedaban sensaciones y fragmentos de secuencias, y la certeza inexorable de haberme comunicado con él y que me dijera que lo lamentaba mucho, pero que no podía volver a verme. Sin darme cuenta, empecé a llorar. Entonces, lo supe: me estaba por venir.

La vida misma

2 mar 2016

Hace dos noches soñé que me cagaba
entonces iba al baño,
pero usaba el bidet en vez del water
y después tenía que limpiar
-imaginate, un asco!-
Me desperté con los ojos y la nariz congestionados
igual a cuando lloro mucho rato,
aunque quizás solo fue por dormir con el pelo húmedo.
Anoche,
la ansiedad ganaba terreno
y yo
sacudía una caja de puchos
sabiendo que estaba vacía,
pero por las dudas igual
-uno siempre se puede quivocar-
Los que quiero
nunca están...
solteros.

De cómo fui al fin del mundo

8 may 2015

Estaba en un boliche con mi novio y algunos conocidos. Los mismos de siempre. Estamos charlando, la noche casi llegando a su fin, y alguien me comenta que mi ex batero andaba diciendo, despectivamente, que se había ido de la banda porque quería tocar punk y no la música que hacíamos.

Me enojé. Lo fui a buscar. Lo encuentro afuera y, toda risas y simpatía, le digo que se cuide, que el mundo está lleno de gente rencorosa y vengativa, jajaja. Vuelvo a entrar a buscar mis cosas antes de que cierre el local. Agarro ropa y después me acuerdo de la mochila. 

El boliche era como un cine, sólo que en la parte donde normalmente se proyectaría la película, está la salida. Las paredes y piso están pintados de negro y no hay ventanas. Veo mi mochila entre las butacas. Subo, la agarro y una chica de rulos (muy parecida a la que atiende la barra en el Clash), me dice que se me cayó algo, y me alcanza un ticket. Yo le doy las gracias; por algún motivo, ese papel era importante para mí. Me vuelvo a cruzar al ex batero, le digo dos palabras y paso mi dedo índice por su panza, semi-cubierta por una remera muy corta. Engancho el elástico de su pantalón deportivo gris claro, tiro hacia atrás y suelto. Me doy media vuelta para irme y alguien se ríe de mí, al tiempo que me dice "¡Ahhh, pilla!". Noto que me vio por el reflejo de un pin que estaba en una mochila igual a la mía. Entonces, ¡la mochila que tenía no era la mía! ¡Mi mochila es la del pin!.

Subo hasta la fila más alta de butacas y le doy las gracias al flaco por avisarme. En vez de pared, hay puertas de vaivén que separan esta parte del boliche con la siguiente. En el lugar ya no queda nadie, excepto los empleados. Cruzo con las dos mochilas al hombro hasta la sección contigua. Nuevamente me encuentro con otra sala de cine. Sigo subiendo butacas, hasta llegar a una nueva sección de puertas. Las atravieso y doy a una bajada de arena húmeda, que desemboca en una playa de apenas un par de metros cuadrados.

Sentado en la baranda de dicha rampa, se encuentra mi amigo Wally. Me siento a su lado y le digo que este lugar se parece al fin del mundo, y me dice que sí. La marea arrastra un montón de azulejos blancos partidos con diferentes formas, que se acomodan como un mosaico a medida que la ola se retira. Un montón de espuma llega hasta la orilla, empujado por el viento. Le digo a Coco Wally: -"Mirá, esa espuma parece una tortuga de chocolate", y me responde -"Es cierto".
-Hasta el blanco del ojo tiene.
-Saalado!

Y todo alrededor es silencio. Incluso las 3 o 4 personas que están en la parte baja de la playa.