Bittersweet

20 ene. 2016

Manejo mejor el rechazo y el abandono que el exceso de atención y la falta de espacio. Quizás porque desde que nací me mostraron que no me querían, que no les interesaba, que les molestaba.

Hoy me pasó algo horrible y también algo hermoso, sólo que lo último recién lo noté cuando los efectos del primero se hicieron más leves.
Hoy, alguien quiso hacerme sentir mal a propósito por medio de palabras sarcásticas. Alguien que ya debería haber quedado en el olvido, pero que por mantener cierta cordialidad seguía estando, más o menos, ahí. Alguien que cada día me reafirma el haber tomado una buena decisión.

Siempre voy a ser un poco egoísta, un poco cortante, un poco intolerante, pero nunca voy a ser una tipa jodida o mala leche que hace daño a propósito. Si me atacan, me defiendo; como me enseñó mi madre una vez que un niño me pegaba en una placita con juegos. Sólo que esta vez elegí no defenderme; no caer en el juego de violencia verbal virtual, en la estupidez del resentimiento. Esta vez, elegí intentar mostrar que pelear no tenía sentido, aunque la sangre me hervía de indignación y trataba de pensar que era una de las últimas veces que me iba a tener que bancar este tipo de cosas y que realmente era esperable, viniendo de quien venía.

Por otro lado, hoy le escribí a un pibe del que hacía unos días no sabía nada. Me respondió diciendo que le alegraba que le escribiera y que no me escribía porque le había dicho que no me gustaba que me estuvieran arriba. Esto podría ser un grandísimo chamuyo, pero a mí los chamuyeros y los (abiertamente) mujeriegos, me encantan. Más si en un par de días logran entender algo tan básico pero tan necesario para mí. I know it's no rocket science, but...




Ojalá que nadie venga a saludarte/ cuando saques tu mano del cajón

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