Noches de Paz I

16 abr. 2015

Miro por la ventana. Euskal Erría duerme. Es tarde para la vida de 9 a 5. Doy una mordida al pan con dulce. El estómago se me revuelve un poco. Últimamente lo he sometido a algunos abusos. Por ahora aguanta.
En el edificio de enfrente, a la izquierda (¡apartamentos a las 11 en punto, Señor!), hay más oscuridad que en el resto. Posiblemente se haya apagado algún foco. En el resto de las torres, la mayoría de las ventanas están apagadas y no se ve movimiento en las que tienen luz. Algunas veces, veo otro ser nocturno asomado como yo. Otras pocas, pude ver a las personas en las habitaciones y me sentí invadiéndolos, formando parte de una realidad distinta a la mía; una realidad a la que no había sido invitada, pero que me atraía tanto como el deseo de dejar de estar en la mía propia.
Hoy me siento como una adolescente. Como en esas buenas noches de "insomnio creativo". Está el silencio, el mismo cuarto; incluso, tengo una lampara pequeña encendida. Tirada en la cama escribo, escucho música (seguramente algo de los 80 o 90). Me encanta estar sola. No siento la necesidad de compartir nada por un rato. Más bien al contrario. Me cansa tener que pensar en temas de conversación y nunca sé de qué hablar. Estando sola no siento esa tensión constante, casi incomodidad. Puedo pensar y actuar libremente; pararme cuando me da la gana; reirme sola; putear... nadie me va a mirar raro ni se va a embolar. Dejo de escribir. Me acuesto, me tapo, me siento feliz de sólo pensar en estar en mi cama, me duermo. Fin.

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