Death or glory

22 ene. 2017

Sabés esa sensación de que también te puede tocar a vos. Tener conciencia de eso, es perder lo último de inocencia: la libertad de vivir creyéndose inmortal. Uno siempre sabe que existe la muerte, incluso desde niño, pero no cree realmente que le pueda pasar.

A los cuatro años se suicidó una tía mía, hermana de mi madre. Yo jugaba con los hijos. Íbamos en el auto de mi abuelo al cementerio. No recuerdo cuál en particular. Yo cantaba y jugaba. Mi madre intentaba explicarme que mi tía había muerto, que no la iba a ver más. Yo le decía que sí, que entendía. Y realmente entendía que no la iba a ver de nuevo, pero no importaba. No sé por qué, pero me parecía algo normal.
Ya llegada al cementerio, me puse a saltar de lápida en lápida. No sé en qué pensaba ni si sabía que ahí abajo había cadáveres (probablemente me lo hubiesen explicado, pero ni bola).

Siempre me fascinó La Muerte. Recuerdo que de niña, mi madre me había contado que en el fondo de casa se había ahorcado una empleada (muchos años atrás, de alguna generación de mi familia que supo tener empleada). Yo armé una horca con una cuerda o un pedazo de manguera, la colgué de una viga del patio y hacía que hablaba con la mujer y pensaba en suicidarme yo también. En suicidarme o en conseguir laburo para irme de casa.

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