Cronica de una muerte anunciada I

18 oct. 2016

Ir en el barco a Buenos Aires. Subir a cubierta y fumar un pucho esperando ser observada por algún flaco que esté bueno. Apoyarme en la baranda y saltar hacia el otro lado. Caer en medio de las aspas, ser triturada como pollo para nuggets y hacer que la bella estela que tajea el río-mar, quede manchada de rojo por unos instantes.
Yo nunca fui polvo; sólo me los eché. Si tengo que volver a algún lado, es al océano. No hay vuelta. Tampoco giros inesperados. Soy la sirenita de Andersen.

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