Confusión

20/10/2009

El sabor a fracaso, más intenso aún que el de la sangre, le raspaba la garganta Quería pararse, gritar, romper... pero no podía moverse con el pie de su padre sobre el pecho.
Esta vez, nada quedaría como siempre. Sabía que no podía huir, porque todo el mundo le conocía y lo llevarían de vuelta a su mal llamado hogar.
Se refugiaba en la música, en los libros. Buscaba historias de gente que se sintiera como él: desesperada, rabiosa, impotente. Ya los resultados, no eran los mismos; el ansia de libertad y paz, postergada indefinidamente, hacía de su cabeza un campo minado. Furia reprimida por años que parecían siglos y la desesperación de no saber qué hacer. Pero lo más divertido, eran sus vías de escape; sus super poderes, como él les llamaba.

Sus padres, no eran malos, no. De pequeño, le habían comprado juguetes caros y le habían prodigado atención y cariño, como a cualquiera de sus hermanos. Pero, algo había pasado luego; su madre gritaba con las manos llenas de sangre y su padre se sacaba el cinto y le daba con la hebilla en la cara, mientras él trataba de cubrirse inútilmente.
Luego, horas de charlas y sermones y cosas que no podía entender. Después de eso, ya nunca le dejaron en paz y cada día que habría los ojos, maldecía a sus padres por no haber abortado mientras podían.

Su padre, el arma y una bala atravesando su frente y él bañado de sangre y sesos y su madre que gritaba. Cuando despertó, no sabía si había sucedido o no, pero tampoco quiso averiguarlo. Se quedó acostado hasta que anocheció de nuevo.
Al otro día, su mamá apareció en su cuarto con un amigo que decía ser doctor. No le gustó la forma en que se miraban a los ojos, ni el sabor del café con leche, que tenía demasiada azúcar.
Se quedó pensando en su padre, hasta que escuchó su voz. Tal vez, su sueño fuera una advertencia y él, fuera un profeta perdido en su viaje a otro mundo. Tal vez, había sido capturado por una civilización enemiga, que había sometido su mente, haciéndole creer que eran sus padres. Y después de todo, ¿qué significaba la palabra "padres"? - Padrespadrespadrespadres-, se dijo en voz alta, mas no encontró significado. Y eso, probaba que era un viajero intergaláctico en una misión por salvar... ¿a quién? ¿a su planeta? ¿al universo? Lo descubriría luego, cuando recuperara su memoria robada, y ahí sí, verían como debían de tratarle en verdad, y él no tendría piedad; los capturaría como habían hecho con él, los torturaría y les daría comida con venenos que hacían olvidar.

En el funeral, una mujer, lloraba en silencio, con el rostro enrojecido e hinchado, mucho más interesante que las caras pétreas de los demás presentes. El cementerio era un lugar bonito, silencioso, con un olor particular y un aire que parecía masticable. Se preguntó por qué sus padres no le llevaban más seguido, ya que él se sentía tan bien.
En un momento de distracción, se puso a hablar con un niñito agusanado que le había estado mirando fijamente desde que había llegado. Se sentaron a escarbar en la tierra, en silencio, por un buen rato.

Se despertó en su cuarto, mareado todavía. Se apenó cuando no vio a su nuevo amigo por ninguna parte. Su padre, entró y se sentó a los pies de la cama y comenzó a hablar en lenguas extrañas, con palabras que se derretían con el calor de la habitación; una maravilla.

Luego, fue al baño y se quedó mirándose al espejo. Su madre, dormía y su padre, no estaba, así que salió y dio una vuelta por el parque. Le encantaba ver cómo los niños jugaban y las risas sonaban lejanas tras el murmullo de los árboles, que a veces dejaban caer hojas que estaban siglos flotando antes de tocar el piso. Decidió volver antes de que su madre despertara.

Tomó un libro y se puso a comer naranjas. Al verlo su madre, retrocedió hasta su cuarto, como no queriendo molestarlo. - Mejor así-, pensó él, que adoraba el silencio y la soledad. Se distrajo mirando por la ventana y quedó tan hipnotizado, que no sintió el pinchazo en el brazo.

La situación era insostenible, pensó ella. Pero su amigo, el doctor, insistía. Extrañaba a su marido, que mantenía todo bajo control. Sufría ante la idea de que su único hijo, fuese así. Odiaba aceptar que nunca sería un chico normal que le diera nietos o que, al menos, trabajara y se fuera de casa. El rechazo que le causaba, ennegrecía sus tripas y le afilaba la mirada. Ya no se sentía capaz de mantener por más tiempo la situación; estaba desesperada, sola y empobrecida. Miró los incontables frascos de medicamentos junto a la innumerable cantidad de agujas estériles, que guardaba bajo llave en un armario. Escogió el correspondiente y llenó la jeringa con la dosis adecuada, sintiéndose un robot programado para tal fin. Pero es que había comenzado hace tanto ya, que no sabía cómo dejar de hacerlo.

Nuevamente, su padre le hablaba en lenguas desconocidas, con sus dedos huesudos alrededor de su cuello y un agujero en la frente del que rezumaba un humor negro y viscoso. No luchó por escapar, ya que sabía que no podía hacerle daño, como le había contado el niño del cementerio, que había prometido ayudarle en su misión. Debía volver al cementerio, pero no sabía cómo.

La puerta se abrió de improviso, dando paso a su madre y al estúpido doctor con cara de muñeco que no paraba de ocultar sus verdaderos sentimientos tras una sonrisa. Hubiera querido matarlo, pero él no era un asesino; en vidas pasadas, había sido un rey muy respetado y querido, que había sido traicionado por unos súbditos malvados, para apoderarse de sus riquezas y que le habían echado una maldición que le forzaba a vivir de modo indigno.
O tal vez, todo era mentira; todo eran historia contadas por locos para confundirle y distraerle de un objetivo más importante. Esta vez, su problema era pensar demasiado, escuchar demasiado a voces desconocidas. Claro, ése era el problema. Siempre le habían dicho que no hablara con extraños y él no había hecho caso y ahora, pagaba las consecuencias. Debía confiar en quienes conocía de hace mucho, que le cuidaban y se preocupaban por él. La posibilidad de salvación, iluminó su vista. Al fin, al fin, al fin, estaría bien.

-Mami- dijo -¿me ayudás?- Y la madre abrió unos ojos enormes y se tapó la cara con las manos y el amigo doctor la abrazaba y su padre le decía que igual no se escaparía de él, pero no importaba porque no podía hacerle nada, y el niño con gusanos le guiñaba un ojo y le decía que todo iba acorde al plan.

1 FIRMAME QUE ME GUSTA!:

Fac dijo...

Quién ha husmeado en mi blog???


Yo, pendeja!!

Me gustó le cuento, imaginaba a los personajes tipo timburtonianos :P


che, tenés, em los links, mi blog antiguo. serias tan amable de actualizarte, guachita linda?